Sin camino (2ª parte)
![]() |
| "Fotografía: Alessandro Giampaoli" |
En la segunda senda que me pro-ponen, la del Corazón, afirman que sólo debo amar para alcanzar el Amor. Pero compruebo que tampoco se me deja “hacer nada”. Yo ejerzo obediente “haciendo el amor” todo lo que puedo, pero siento que no está “bien visto” y, en algunos contextos ortodoxos, hasta prohibido. Y, por hacer el amor, me meten en su guerra.
Amar. De nuevo otra tarea, otra acción, otro verbo como “meditar”. Otra instrucción que debo descifrar para no dejar de hacer lo que hay que hacer. En el caso de la primera vía, para hacer el no-hacer. Por mí que no quede para encontrarme. Un meditador tiene que hacer lo que tiene que deshacer. Y un amante, un practicante del camino del Amor, tiene que amar, parece ser que más en alma que en cuerpo, para que el asunto de la Verdad funcione de verdad en mí.
![]() |
| "Fotografía: Lukas Strebe" |
¿Cómo se practica el amor para alcanzar el Amor? Amar se aprende amando y quien ama se desahoga, pero ¿cómo ejercer los sentimientos? ¿Por dónde empezar a amar?
Conoci-miento, pensa-miento, senti-miento… ¿Qué hay de verdad en todo esto? ¡La mentira, ni mentarla!
Se me ocurre que, tal vez, igual que al aquietarme de cuerpo y mente, se paran todos los sortilegios que conjuran esta realidad engañosa, y puedo permanecer tal cual soy, sin añadidos ni aditivos que adulteren y alteren mi conciencia, así, sin hacer nada en mi nada; igual que meditar es permanecer en la meditación que ya soy, quizá en esto del Amor pudiera ser semejante. Acaso quedándome sin sentir, interrumpiendo todo sentimiento, pueda advertir lo que está más allá de eso que llamamos amor, que no podemos practicar pero puede que sí cultivar. Igualmente me viene que si no remuevo las aguas de mis emociones, por puras y positivas que sean, si se calma el oleaje de los sentimientos, puede que alcance a ver lo que subyace en su (tras)fondo. Tal vez sea cuestión de permitir que el opalino espejo de mi conciencia refleje sin intro-misión por mi parte. Tan sólo asomándome con honestidad a esas aguas puras que, no por movidas lo fueron menos, quizá advierta la condición de mi naturaleza verdadera que puede re-presentar y reflejar todo aquello que a ella se presente, sin gastarse o resentirse, sin imponer condición alguna o exigir nada a cambio. Creo que solamente se trata de no oponer resistencia a lo que ya es. De no entro-meterse entre tú y la Vida. De no emplear artificios con la Naturaleza. De no mentir a la Verdad. De no ser infiel a ese Amor que ama y ama sin cesar al reflectar con absoluto respeto cuanto a él se asoma, sin juzgar ni discriminar. Un Amor que permite que todo sea como es. Que no cambia cosa alguna. Sin preferencias ni desahucios. Que lo abraza y permite todo. Hasta el bien y el mal. El santo y el ladrón. El verdugo y la víctima. Como un sol que luce para todos por igual, sin poderlo (ni quererlo) evitar. Como un sol que irradia porque es su condición. Que lleva implícita la luz y el calor, la Sabiduría y el Amor, en cada uno de sus infinitos rayos.
![]() |
| "Fotografía: Alessandro Giampaoli" |
¿Necesita la meditación concentrarse? ¿Necesita la Meditación meditar?
¿Necesita el Amor amarse? ¿Necesita el Amor amar?
¿Qué tendría que practicar la Perfección para mejorarse?...
Indiana Om
© Todos los derechos reservados







